Seccción Especial de Héroes Anónimos | La Salsa Venezolana en su día Parte I
La Salsa en Venezuela no es una moda ¡es cultura!
Derivada del son cubano llegó, se asentó y fructificó, dando como resultado incontables agrupaciones, músicos, soneros y todo un público seguidor al contagioso ritmo
Por: Fidel Antillano
Fotos: Joel Ochoa/Archivo.
“Yo soy el son cubano
todos me bailan contento,
se divierten como hermanos
soy guajiro monte adentro.
Si en el campo yo nací
y a la ciudad me trajeron,
allí fue donde me dieron
el ritmo que hoy canto aquí”.
Estos versos pertenecen a la canción ‘Yo soy el son cubano’, de Parmenio Salazar Jústiz y guarda relación con la historia de la llegada y evolución de este género musical del Caribe, a nuestro país. En la 2da década del siglo XX y en plena dictadura gomecista, llegó al país —procedente de Cuba—, el Sexteto Boloña. En 1933, también llega el Trío Matamoros.
La presencia de estas dos agrupaciones dejó sembrada en Venezuela, la semilla del son cubano. Desde entonces, este sabroso género bailable echó sus raíces, dando lugar a un sin fin de agrupaciones soneras en las principales ciudades venezolanas —con mayor ahínco en las zonas populares—, y además sirvió de enlace para presentarnos a otros miembros de la familia: el guaguancó y la guaracha —géneros éstos qué al fusionarse con las cadencias y armonías de ritmos típicos de otras regiones—, conoceríamos luego con el nombre de “salsa”.
Al celebrar un acontecimiento en nuestros hogares —o en el barrio—, la salsa es la música preferida para acompañarnos en esos festejos. Su cadencia es contagiosa y anima al baile. Sus letras van llenas de realidades, jocosidad, despecho, alegría… ‘Sentimiento, tú…’ (parafraseando al gran Cheo Feliciano).
No es casual que sea en Venezuela donde nace la palabra para denominar a esta “amalgama de ritmos”, país en el que —desde la llegada de las primeras agrupaciones cubanas citadas, conjuntamente con las que se formaron en el patio (y las que siguieron llegando desde Nueva York y El Caribe, a lo largo de las siguientes décadas) —, la música tropical se fue convirtiendo en la favorita a la hora de bailar. Es así, como a mediados de la década de los sesenta —dada la proliferación de agrupaciones musicales y sus respectivas producciones discográficas (tanto venezolanas como extranjeras)—, era de altísima sintonía un programa radial dedicado a este tipo de música y llevaba por nombre “La hora de la Salsa y el Bembé” conducido por el locutor caraqueño Phidias Danilo Escalona (de quien se dice, es el responsable de bautizar con la palabra “Salsa”, a esta fusión de ritmos afrocaribeños). Por tal motivo, en su honor y por decreto presidencial, el 5 de octubre del 2020 se celebra en nuestro país el “Día Nacional de la Salsa”, por ser el natalicio de Phidias. Y por si fuera poco, la UNESCO, el 30 de septiembre de 2021 decretó el “Día Internacional del Orgullo Salsero”, por ser el natalicio de Héctor Lavoe, reivindicando éste género musical como herencia cultural del Caribe y del mundo.
Para ahondar en esta interesante temática, la sección Héroes Anónimos preparó una edición especial y se engalana de luces y de fiesta, con sus entrevistados: Gherson Maldonado y José “Cheo” Guevara (Investigadores de la salsa), Javier Plaza, Orlando “Watusi” Castillo, Luis Llamo (compositor cubano), Berenice Walcott y El Combo Antillano (Referentes nacionales de la salsa y quienes han puesto en alto el nombre de Venezuela, en el exterior).
Gherson Maldonado (Locutor, Productor e Investigador musical)
Para este investigador caraqueño, la salsa en Venezuela es una cultura, un modo de vida y de convivencia con otros. Es el motivo de las conversas en distintos escenarios de la cotidianidad. “Aún en nuestro país, la cultura de la salsa no se ha aprovechado para proyectar a nuestros íconos (por ejemplo: nos cuesta entender que ese vecino nuestro llamado Cheo Navarro, Nico Monterola, Calavén, Henry Camba), pues han sido personajes importantes en la cultura urbana”, refiere Maldonado.
En nombre de la Salsa nació en Venezuela
Maldonado señala que si bien es cierto que la palabra “salsa” es un término corriente en Cuba (alusivo a la alegría y el sabor), y en otros países se emplea para lo culinario. Es en Venezuela donde se formaliza el uso de esta palabra, para referirse a este género musical. En tal sentido, expresa: “Es el año de 1964. Hubo un cambio en la dotación, en los formatos. Hacía falta ese toque mágico para identificarlo y diferenciarlo de las décadas anteriores. Aparece el locutor Phidias Danilo Escalona, con su programa ‘La hora de la salsa, el sabor y el bembé’. Su anunciante principal era una marca de salsa de tomate ‘Ketchup’, y la frase característica: ¡Ponga usted el almuerzo, que nosotros le ponemos la salsa! fue pegando dentro del público que a su vez, le solicitaba ‘Oye Phidias, ponme una salsa de Joe Cuba’ (…) Fue un movimiento espontáneo entre los radioyentes y el programa —dada la reacción positiva del público con su carismático locutor—. Con esa sinergía, en 1966, la industria disquera le sacaría gran provecho, al proponerle a Federico Betancourt (Director del Combo Latino), grabar un disco que llevó por nombre ‘Llegó la Salsa’. El éxito fue tan apoteósico, que la gente llegaba a las discotiendas buscando ‘el disco de salsa de Federico’. Definitivamente, Phidias no imaginó la gran trascendencia que alcanzaría, pues él sólo lo veía como el eslogan de su programa radial”, expresa el locutor e investigador.
Caracas Cuatricentenaria en Salsa
Bajo este mismo orden de ideas, Maldonado acota que otro factor que influyó para ese primer movimiento de la salsa, y que ocurre en Venezuela con el liderazgo del Sexteto Juventud, Federico y su Combo Latino, los Dementes, Príncipe y su Sexteto, etc., fue que el Cuatricentenario de Caracas se convirtió en una fecha ideal para las presentaciones de agrupaciones y las ventas de discos con ese estilo caribeño, que comenzó a llamarse ‘salsa’. Por ello, las casas disqueras se enfocaron en grabar a este tipo de agrupaciones —aunado al hecho que Venezuela ocupaba el lugar N° 18 en el mundo, en ventas de discos—. Lastimosamente, el nuevo movimiento de la salsa venezolana, recibió un golpe tras el terremoto de Caracas, en el año de 1967 ¡Y en pleno 400° de Caracas! (…) Ahora bien, las agrupaciones extranjeras que nos visitaron en aquella época (colombianas, puertorriqueñas, neoyorkinas…), proyectaron la denominación ‘salsa’ por muchos escenarios, y llevaron esa ‘pegajosa’ palabra a sus respectivos países. Vino el ‘puntillazo en la médula’ —por así decirlo—, con el sello discográfico Fania Records (socio del Palacio de la Música de Venezuela). Su director Ernesto Aue, terminó como socio de Jerry Masucci (cineasta y productor musical neoyorkino). Ellos se encargaron de diseminar la palabra ‘salsa’, pero sin lugar a dudas, Venezuela es la cuna de esta palabra y ello se a debió múltiples factores: la radio, el público, la industria discográfica y las festividades de Caracas.
José “Cheo” Guevara (Investigador, coleccionista y melómano)
“Cheo” Guevara es el típico melómano que se convirtió en investigador de la salsa. No conforme con oírla y bailarla, se preocupó por adquirir los discos e indagar detalles como: ¿Quién grabó el piano o el trombón? ¿En qué año se hizo tal grabación? ¿Quién hizo los arreglos de tal tema?, etc.
La Salsa: Folklore del Caribe Urbano
El reconocido cantante y compositor de Salsa, Rubén Blades, en su disco ‘Maestra Vida’, dedica en la contraportada, lo siguiente: “Querido público, en éste disco-drama (…) presentamos la palabra ‘focila’ (folklore de ciudad latina), para describir y bautizar una categoría músico-social diferenciando así, en la global definición de salsa, la especie del género”. En tal sentido, —refiere Guevara—, sería osado decir que la salsa forma parte del folklore venezolano. También resulta cierto que en cada lugar esta música fue fusionándose con ritmos autóctonos propios de cada país. Definitivamente, podemos decir que la salsa es folklore del Caribe urbano.
Ciertamente, en las urbes caribeñas, a la Salsa se le fueron adicionando ritmos autóctonos (‘La Bomba’ y ‘La Plena’ en Puerto Rico, el Jazz en Nueva York —por dar un ejemplo—), pero también instrumentos propios del folklore particular de cada región, tal como lo afirma Gustavo Aguado, líder de la banda venezolana “Guaco”, para definir la música que ejecuta esta agrupación zuliana: “Tiene en parte la misma formación de la salsa, pero lo nuestro se diferencia porque incorporamos un instrumento típico que es la ‘tambora de gaita’ y otro que se llama ‘charrasca’. Y eso se divorcia de la sonoridad de la salsa que se compone de instrumentos determinantes que son el bongó, el timbal, la conga, el güiro y las maracas. Eso lo tenemos, pero le agregamos la batería con la que se hace música americana, y le incorporamos la tambora y la charrasca. Suena totalmente distinto, por eso le dicen ‘la salsa rara’ de Venezuela”.
—¿Crees que la salsa perecerá con la partida física de los que fueron sus pilares y fundadores?
—Los forjadores de esta música dejaron un legado inmenso. Las nuevas generaciones han ido formando y enriqueciendo de ese legado y de alguna manera u otra, lo han difundido y multiplicado. Han partido de la base y de los conceptos que les dejaron aquellos pioneros de la salsa. Mientras existan músicos que mantengan en sus creaciones el criterio de aquellos grandes maestros, la Salsa nunca morirá.
Luis Llamo (Poeta y compositor cubano-venezolano)
“Europa, África y Asia dejaron su huella en nuestra América. La fusión de estas culturas trajeron como resultado en Cuba, el complejo genérico del son”. Así lo refiere Luis Llamo (quien lidera el movimiento ‘Retomando El Son’, cuyo objetivo es que el son sea reconocido por la UNESCO, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad). Este compositor oriundo de Bayamo, nos ofrece la siguiente cronología histórica del son:
1868: Surgen los ‘Nengones’ (Referentes de la cultura oriental cubana, de estirpe sonera-campesina, que le dieron origen al son cubano), tales como: Kiribá, Imías, Del Llano, De la Loma y Del Changui. A fines del siglo XIX, estos ritmos presentan elementos de música bantú (procedente de El Congo) y de España. En sus comienzos, no se contaba con instrumentos estables: sólo bastaba reunirse un grupo de personas con un ‘tresero’, un guitarrista, un taburete, una cuchara y una botella, para que se armara el son.
1892: El tresista haitiano Nené Manfugás, lo lleva del monte a los carnavales de Santiago de Cuba.
1896: El son llega a La Habana de la mano de los soldados del Ejército Nacional.
1920: Se funda el ‘Sexteto Habanero’.
1923: Se crea el ‘Sexteto Boloña’, distinto a los Sextetos que abundaron en La Habana (por sus magistrales voces).
1923: El ‘Sexteto Habanero’ introduce el contrabajo, modificando el formato tradicional de los conjuntos de son.
1925: Nace el ‘Trío Matamoros’, conformado por: Miguel Matamoros, Siro Rodríguez y Rafael Cueto.
1926: El ‘Sexteto Boloña’ llega por primera vez a Venezuela.
1927: Orestes López introduce la trompeta en el formato de ‘Conjunto’.
1933: El ‘Trío Matamoros’, llega por primera vez a Venezuela.
“Venezuela es un país que hizo suyo el Son. Lo aceptó como parte de su música popular y cuenta en estos momentos con agrupaciones insignias defensoras de este género”, precisa Llamo.
Salseros venezolanos en Europa
A diferencia de otros géneros musicales, la salsa —dentro de su estructura—, brinda espacios para que los cantantes y músicos se destaquen con sus improvisaciones. Bajo este enfoque, Venezuela ha sido prolífera en la producción de éstos creadores, improvisadores y ejecutantes (que en el caso de los cantantes, se les conoce como “soneros”). En ese sentido nos honra presentar en este especial, a Javier Plaza, Orlando Watusi Castillo y Berenice Walcott. Actualmente, representan a la patria de Bolívar en Europa.
Javier Plaza (Cantante y percusionista)
Este cantante y percusionista venezolano (sus raíces vienen de la parroquia 23 de enero), se inicia profesionalmente como bongosero de la agrupación Rumbón 10, luego como conguero del Sexteto Juventud, donde graba un par de discos. Con la Orquesta de Enrique “Culebra” Iriarte, debuta como cantante y también vocaliza con las Orquestas ‘Café’ y ‘Tarima’. De la mano del productor Víctor Mendoza participó en innumerables grabaciones y presentaciones en vivo. Desde el año de 1988, se residencia en Europa, llegando a Francia primeramente, para luego ingresar a las filas de la Orquesta Conexión Latina en Alemania (país donde reside actualmente), acompañando nada menos que a Luis “Perico” Ortiz con Domingo Quiñonez.
Venezuela, Referencia en la Salsa Alemana
Al hablar de la salsa en Alemania, hay que hablar de Venezuela —afirma Plaza—. Son muchos los músicos hispanohablantes en este país, que aprendieron a tocar con los músicos venezolanos. De hecho, hubo una época donde todas las orquestas de varias provincias alemanas, contaban en sus filas con dos y tres venezolanos. En la Orquesta ‘Conexión Latina’, llegó un momento en que estábamos Felipe ‘Mandingo’ Rengifo y su hijo ‘Chichi’ (percusión), César ‘Chino’ Pérez (trombón), y yo cantando. Con decirte que casi todas las orquestas en Europa, llevan en su repertorio ‘Llorarás’ de la Dimensión Latina. “Vale destacar, que desde 1992 vengo manejando mi propio proyecto personal con mi orquesta ´Son-risa´ con la que ya llevo 5 producciones realizadas”, finaliza Javier.
Orlando “WATUSSY” Castillo (Cantante y compositor)
Uno de los máximos representantes que ha tenido Venezuela en las tarimas salseras del mundo, es Orlando José Castillo y conocido como “Watussy”. Oriundo del estado Yaracuy, pero criado en la parroquia La Pastora.
De una dilatada experiencia —tanto en el ámbito nacional como internacional—, se inicia en el ambiente musical en 1969, con el grupo ‘Los Excitantes’ de Alexis Monterola. De allí pasa a integrar ‘Príncipe y su Sexteto’, con quien realiza su primera grabación para la industria discográfica, y después engrosar las filas de Los Satélites de Cheché Mendoza.
“Tuve la fortuna de formar parte de la primera orquesta venezolana, Los Satélites, que tocó en el Madison Square Garden de Nueva York, a raíz del éxito obtenido por el tema ‘Traicionera’, que fue uno de los hits más grandes de la salsa nuestra en la ciudad de los rascacielos (…) Luego vendría la Orquesta de Porfi Jiménez, La Renovación de Nico Monterola, Federico y Su Combo Latino, La Salsa Mayor, entre otras agrupaciones a nivel nacional. En 1979, me voy a Puerto Rico. Allí participo con Cortijo y su Combo —con quien ya había compartido tarima en Venezuela en 1977 y en ese mismo año, me propone llevarme a la tierra del Coquí, pero no se concretó por la falta de visa—, también con Bobby Valentín y Kako Bastar y su Orquesta (…) De la Isla del Encanto sigo a Nueva York, donde hice mis pasantías con Joe Cuba y Su Sexteto, Larry Harlow, La Típica 73, Conjunto Libre, Bobby Rodríguez y la Compañía; entre muchos otros. Con todo este background, en 1986 hice carrera como solista, y es así como grabé mis producciones para el disco, siendo la primera de ellas ‘Ustedes, Mi Rumba y Yo’, luego vendrían ‘Échale Watussy’, “Siempre pa´lante” y otras participaciones más en producciones discográficas. Desde la década de los 90, estoy residenciado en la ciudad de Milán, Italia”, argumenta nuestro entrevistado.





