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Efemérides

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Tal día como hoy, hace 64 años, el Araguaney (Tabebui Chrysanta) fue declarado Arbol Nacional de Venezuela. Se trata de una especie autóctona, cuya altura oscila entre 6 y 12 metros, de tronco recto, cilíndrico y de unos 60 centímetros de diámetro. Su floración se produce entre los meses de febrero y abril, cuando se halla totalmente desprovisto de hojas. Las semillas están maduras al comenzar las lluvias, lo que permite la germinación de un gran número de ellas.

Su nombre científico Tabebuia es de origen indígena y Chrisantha se deriva de los vocablos griegos que significan "voz de oro". Es también conocido con los nombres de Acapro, Curari, Araguán o Cañada, Flor Amarilla y Puy. En toda la topografía venezolana se puede disfrutar de estupendos paisajes amarillos, adornando las bellezas naturales y el sentir que estamos en Venezuela.

En los primeros meses del año, cuando la naturaleza del suelo venezolano toma aspecto de la calcinación por la fuerza de los rayos solares y la ausencia de las lluvias, el Araguaney irrumpe en apretados y áureos ramos florales al final de sus desnudas ramas, por esta razón Rómulo Gallegos llamó a los primeros meses del año "la primavera de oro de los araguaneyes".

El "Aravanei", como lo bautizaron los indios caribes, es un árbol rústico, austero, desafía los suelos duros, secos, pobres en sustancias orgánicas y los climas cálidos; sin embargo, para lograr un buen desarrollo requiere de suelos livianos y con buen drenaje, no prospera en lugares pantanosos, e igualmente requiere de abundante luz. El nombre indígena de esta especie autóctona quedó registrado por primera vez en 1660, cuando al Sur de Píritu se fundó la población de San Miguel de Araveneyenan, en honor a este árbol.

Se reproduce fácilmente por semilla; presenta crecimiento lento, pero tiene una larga existencia. Sus raíces son profundas, por lo cual es muy apropiado para embellecer jardines, parques, calles y avenidas; además es muy apreciado en el ramo de la carpintería, ya que su madera es dura, compacta, pesada, con textura fina, que se conserva bien en lugares húmedos y no se resquebraja al ser expuesta a la intemperie. Se desarrolla espontáneamente en tierras cuya altura oscile entre 400 y 1300 m sobre el nivel del mar; alcanza desde 6 hasta 12 m de altura.

 

 

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Tal día como hoy, hace 160 años, muere en Caracas Diego Ibarra, insigne Oficial del Ejército de Venezuela en la Guerra de Independencia, donde tuvo notable participación como combatiente, quien fue también un político de gran envergadura.

Nacido en Guacara, estado Carabobo, en 1798, sus padres fueron Vicente Ibarra y de Ana Teresa Toro, y sobrino de Francisco Rodríguez del Toro (marqués del Toro). A los 15 años de edad se desempeña como edecán del coronel Ramón García de Sena y participa en 1813 en las batallas de Cerritos Blancos, cerca de Barquisimeto (13 septiembre) y Araure (5 diciembre). Al año siguiente asiste al sitio de Barinas, combate en San Mateo, El Arao, en la primera batalla de Carabobo (28 mayo) y en la segunda de La Puerta (15 junio).

Debido a los avatares de la guerra, emigra a Jamaica, y se incorpora a la Expedición de Los Cayos (1816), ya como teniente y edecán de Simón Bolívar. Con el grado de capitán (1817), combate en Clarines (9 enero), siendo uno de los defensores de la Casa Fuerte de Barcelona (7 abril) y tomando parte en el sitio de Angostura.

Siempre como edecán del Libertador, y con el grado de segundo comandante, realiza la campaña libertadora de Nueva Granada (1819), y se distingue en las batallas de Pantano de Vargas (25 julio) y Boyacá (7 agosto), obteniendo su ascenso a primer comandante y la estrella de la orden de los Libertadores. En 1821 participa en la Campaña de Carabobo, recibiendo el ascenso a coronel. Destinado al sur de Colombia (1822) bajo las órdenes del general Antonio José de Sucre, combate en Riobamba y Pichincha (24 mayo), así como en la pacificación de la provincia de Pasto.

Bolívar lo envía a Venezuela en 1823 con el encargo de formar un cuerpo de reserva para reforzar el Ejército Libertador del Perú; cumple esta misión, pero un accidente sufrido al caer de un caballo le impide acompañar al contingente que marcha hacia el sur. Permanece en Venezuela, donde en 1825 se desempeña como comandante militar de La Guaira.

A mediados de 1826, Ibarra salió junto con Diego Bautista Urbaneja desde Caracas hacia Lima para informar al Libertador de la situación de Venezuela después del estallido inicial de La Cosiata. De regreso en Venezuela, es elevado al rango de general de brigada del Ejército de Colombia, nombramiento ratificado por el Libertador el 5 de enero de 1827.

Encargado del mando provisional de la provincia de Caracas y de la Comandancia de Armas de Puerto Cabello, la reacción antibolivariana y la acción separatista lo obligan al ostracismo voluntario y se refugia en Curazao. Regresa a Venezuela en 1833 y se reincorpora al ejército, pero su participación en la Revolución de las Reformas lo lleva a ser destituido de sus grados militares y desterrado.

Por decreto legislativo del 21 de febrero de 1845 es rehabilitado y, al regresar al país, ejerce la política en las filas del Partido Liberal. Con el presidente José Tadeo Monagas realiza la campaña pacificadora de 1848, lo cual le vale el ascenso, en marzo de 1849, al grado de general de división. Al morir, en mayo de 1852, contaba con 53 años de edad. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 20 de octubre de 1876.