PDF Imprimir

1° de febrero de 1817

Nace Ezequiel Zamora

alt

Tal día como hoy, hace 196 años, nació en la población de Cúa, estado Miranda, Ezequiel Zamora, militar, dirigente popular y primer caudillo social del siglo XIX, quien fuera líder del Partido Liberal y jefe del Movimiento Federalista.
Ezequiel Zamora perteneció a una clase social conocida con el nombre de «blancos de orilla». Dedicado al comercio de víveres en la población de Villa de Cura, cuando estaba por cumplir 30 años se alzó en Guambra, el 7 de septiembre de 1846, utilizando las consignas: “Tierras y hombres libres”, “Respeto al Campesino y Desaparición de los Godos”, con lo cual ganó en poco tiempo la devoción del pueblo, el cual le rebautizaría como «General del Pueblo Soberano». alt
alt Al iniciarse la Guerra Federal, Zamora se unió a Juan Crisostomo Falcón, quien de inmediato le nombró Jefe de Operaciones de Occidente. Allí desarrolló una gran actividad y gracias a su carisma organizó un ejército popular a favor de los federalistas. El 4 de junio de 1859 recibió el título oficial de «Valiente Ciudadano».
En el marco de la guerra, Zamora organizó las tropas para la Batalla de Santa Inés, librada el 10 de diciembre de 1859, donde fue derrotado el ejército centralista. Después de esta acción se dirigió al centro del país y en el asalto a la ciudad de San Carlos, estado Cojedes, murió en combate el 10 de enero de 1860, habiéndose ya erigido como uno de los líderes fundamentales de la Federación durante la Guerra Federal. Sus restos reposan en el Panteón Nacional, en Caracas, desde el 13 de noviembre de 1872. alt

 

 

 

1° de febrero de 1818

Nace Cecilio Acosta

alt

Hace 195 años nació en San Diego de los Altos, estado Miranda, Cecilio Acosta, ilustre escritor, periodista, abogado, filósofo y humanista venezolano.
Proveniente de un hogar extremadamente pobre, donde sobraba el afecto y el estímulo para la superación, recibió sus primeras enseñanzas del padre Mariano Fernández Fortique, párroco del lugar. La muerte prematura de su padre convirtió a su madre, Margarita Revete Martínez, en el centro del hogar. alt
Influido por su mentor, Acosta estudió en el Seminario entre 1831 y 1840, adquiriendo conocimientos de teología, religión, historia sagrada y latín. En setiembre de 1840, asistió a la Facultad de Derecho de la Universidad Central donde, al cabo de una lucha bizarra contra la estrechez económica y su endeble salud, recibió el título de Abogado (1848).
alt

Desde su época de estudiante comenzó a divulgar sus escritos en periódicos caraqueños, uno de los medios que más utilizó para comunicar sus ideas, pues consideraba que el periódico era "el libro del pueblo".

 

Fueron muy escasos los cargos públicos que desempeñó Acosta. Secretario de la Facultad de Humanidades de la Universidad Central (1848), Titular de la Cátedra de Legislación Universal, Civil y Criminal y de Economía Política (1853). En 1872, fue designado Miembro de la Comisión Codificadora por el Gral. Antonio Guzmán Blanco (1829-1899).

Vivió, pues, apartado de compromisos burocráticos, por lo que ganó independencia de criterio y tiempo para estudiar y meditar, aunque la pobreza fue siempre compañera suya. En 1876, le escribió a su hermano Pablo: "Estoy muy pobre. No tengo para pagar esta carta para Ospino, que pondrás en la estafeta".

A la penuria económica hay que añadir las consecuencias de haberse enemistado, en sus últimos años, con Guzmán Blanco. Sólo escasos y fieles amigos se atrevían a visitarlo en su modesta vivienda, mas entre sus ilustres contertulios se contaron, entre otros, José Martí y Lisandro Alvarado.
alt El viernes 8 de julio de 1881 falleció Cecilio Acosta. Su pobreza era tan rigurosa, que hubo necesidad de apelar a la caridad de sus amigos para costear los gastos del entierro. Pocos días después de su muerte, el gran pensador y libertador cubano, José Martí, quien por entonces residía en Caracas, publicó su hermosísima elegía en homenaje a Cecilio Acosta, y la inició con estas solemnes palabras:
Ya está hueca, y sin lumbre, aquella cabeza altiva, que fue cuna de tanta idea grandiosa; y mudos aquellos labios que hablaron lengua tan varonil y tan gallarda; y yerta, junto a la pared del ataúd, aquella mano que fue siempre sostén de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde. Ha muerto un justo: Cecilio Acosta ha muerto. Llorarlo fuera poco. Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje grato a las grandes naturalezas y digno de ellas. Trabajó en hacer hombres: se le dará gozo con serlo.