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Efemérides

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Hace 26 años tuvo lugar la llamada Masacre de Yumare, uno de los sucesos más lamentables de la historia contemporánea venezolana. La operación militar, realizada contra civiles, se perpetró en el sector Barlovento, caserío La Vaca del actual municipio Manuel Monge, en el estado Yaracuy.

En una operación dirigida a erradicar grupos de izquierda, y planificada por el gobierno de Jaime Lusinchi, el 8 de mayo de 1986 nueve dirigentes sociales fueron capturados y posteriormente asesinados por un comando de la Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP, policía política durante la IV República), a las órdenes del entonces comisario López Sisco.

Tras realizar la ejecución, los efectivos de la DISIP manifestaron que estas nueve personas  "formaban parte de la guerrilla". Sin embargo, los estudios criminalísticos y las evidencias ayudaron a demostrar lo contrario, y dejaron ver que lo de Yumare fue un ajusticiamiento, una masacre contra dirigentes sociales. Las incongruencias en las declaraciones de los ejecutores de aquella masacre permitieron detectar las mentiras y la confabulación para realizar la matanza.

Como justificación, los funcionarios alegaron un supuesto enfrentamiento armado, el cual se habría producido cuando se desplazaban por un lugar boscoso y fueron objeto de una emboscada por parte de los ciudadanos fallecidos. En el estudio criminalístico, no obstante, las evidencias revelaron que la zona donde todos los ciudadanos murieron estaba poblada de "vegetación baja, tipo pasto, grama y/o maleza, todos de muy corta altura, característicos de terrenos despejados, de gran iluminación".

Además, de acuerdo con las experticias practicadas en los morrales que portaban quienes murieron en la acción, estos objetos "no presentaban perforaciones ni daños por proyectiles ni esquirlas", a pesar de que varias de las víctimas habían presentado orificios en la región dorsal.

Tras los falsos testimonios dados por los responsables de la masacre, muchos testigos de ese lamentable incidente declararon que las nueves personas asesinadas por el comando de la DISIP habían sido primero detenidas, luego torturadas y, por último, ejecutadas. Posteriormente, los propios funcionarios les colocaron ropa militar encima de su ropa civil, con el propósito de presentarlos como guerrilleros.

Los declaraciones de los testigos revelan que las nueve personas ejecutadas extrajudicialmente eran, además de luchadores sociales, promotores del ideal bolivariano. Los fallecidos fueron Rafael Ramón Quevedo Infante, Ronald José Morao Salgado, Nelson Martín Castellano Díaz, Dilia Antonia Rojas, Luis Rafael Guzmán Green, José Rosendo Silva Medina, Pedro Pablo Jiménez García, Simón José Romero Madriz, y Alfredo Caicedo Castillo.

No sería sino hasta 2011, 25 años después de la masacre, cuando se logró desmontar la versión sostenida por los funcionarios del gobierno de Jaime Luisinchi, cuando fiscales del estado Yacacuy lograron condenar a 13 años de prisión al general retirado del Ejército, Alexis Sánchez Paz, quien admitió su responsabilidad en los hechos de Yumare. Para el momento de los hechos, Sánchez Paz era coronel y director de la Escuela del Comando de Operaciones del Ejército.

También fueron acusados los exfuncionarios de la extinta DISIP Oswaldo Ramos, Eugenio Creassola, Freddy Grangger, William Prado, Raúl Fernández, Adán Quero y Hernán Vega. En junio de 2009, el Ministerio Público también acusó al comisario jubilado de la Disip Henry Rafael López Sisco, al tiempo que se pidió iniciar el proceso de su extradición desde Costa Rica.

A López Sisco se le imputan delitos de concurso real de homicidio calificado con alevosía por motivos innobles en grado de complicidad correspectiva en perjuicio de las nueve víctimas; y es también señalado por su participación en las masacres de El Amparo, Cantaura y El Caracazo, además de participar en el asedio a la embajada de Cuba en Venezuela, durante el golpe de Estado de abril de 2002.

 

 

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Tal día como hoy, hace 213 años, murió ejecutado en la Plaza Mayor de Caracas José María España quien, junto con Manuel Gual dirigiera el importante movimiento preindependentista que se conoce con el nombre de «Conspiración de Gual y España».

España había nacido en La Guaira el 28 de febrero de 1761. Fue un hombre culto, asiduo lector de obras filosóficas y políticas, además de dominar los idiomas inglés y francés, por lo que tenía en su casa una amplia biblioteca con obras en esos dos idiomas y en español.

Al morir su padre, dirigió junto con sus hermanos una hacienda de cacao llamada «El Carmen», que la familia España poseía en las inmediaciones de Naiguatá. También se dedicó al comercio, y en 1793, el gobernador y capitán general de Venezuela, Pedro Carbonell, le nombró Teniente Justicia Mayor de Macuto.

Desde finales de 1796 estuvieron presos en los calabozos de las bóvedas de La Guaira Juan Bautista Picornell, Manuel Cortés Campomanes, Sebastián Andrés y José Lax, reos de Estado remitidos desde la península por haber intentado establecer allí una república como la francesa. Gual, España y el grupo de conspiradores que les seguían, se pusieron en contacto con aquellos revolucionarios españoles, quienes reafirmaron sus ideas libertarias.

José María España, en su posición de Teniente Justicia Mayor, favoreció la fuga de aquellos convictos la noche del 4 de junio de 1797, los ocultó en Macuto y facilitó su huida a las Antillas el día 26. Descubierta la conspiración por las autoridades españolas de Caracas, el 13 de julio de ese mismo año, continuó celebrando, junto con Gual, reuniones en un sitio denominado Quita Calzón, río arriba de La Guaira.

El 14 de julio las autoridades arrestaron a muchos de los involucrados. Gual y España escaparon hacia hacia las Antillas, donde el segundo se dirigió a la isla de Curazao, y de allí pasó luego a Guadalupe, San Bartolomé, Saint Thomas, Sainte Croix, Martinica y finalmente llegó a la isla de Trinidad.

En 1799 José María España regresó furtivamente a La Guaira, pero su escondite fue delatado. Sometido a juicio, se le condenó a muerte por sedicioso y conspirador, y el 8 de mayo de 1799, antes de morir ejecutado en la Plaza Mayor de Caracas, sentenció: «No pasará mucho tiempo sin que mis cenizas sean honradas». Tenía entonces 38 años de edad.

En el mismo lugar donde hace más de 200 años perdiera la vida este precursor revolucionario, fue erigida luego la estatua del Libertador, Simón Bolívar, de modo que sus proféticas palabras tuvieron merecido cumplimiento.


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Tal día como hoy, hace 124 años, nace en Caracas Británico Antonio Salas Díaz, importante figura de las artes plásticas de nuestro país, quien sería conocido simplemente como Tito Salas, uno de los pintores más destacados de la historia de Venezuela.

Estudió en la Academia de Bellas Artes de Caracas, junto con Federico Brandt, Manuel Cabré y Armando Reverón, entre otros destacados artistas plásticos. En 1905 viaja a París para estudiar en la Academia Julián, bajo la dirección del maestro Jean Paul Laurens. Al año siguiente obtuvo en el Salón Oficial de París la tercera medalla de oro por su cuadro «La San Genaro».

Según los expertos, su primera etapa -europeizante- está caracterizada por la adquisición de nueva cultura y la pintura de grandes lienzos de asunto literario o histórico, que van desde la excelsa majestad de la epopeya a la sólida tristeza de la miseria.

 

 

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En aquellos años Tito Salas viaja por Italia, España y Bruselas, donde obtiene medalla de oro en la Exposición de 1908. De regreso a Venezuela, en 1911, recibe el encargo de decorar la Casa Natal del Libertador, trabajo que realizó entre 1913 y 1931. En 1942 concluye los murales del Panteón Nacional.

En 1971 pintó para La Casona, residencia presidencial, la obra «Los Causahabientes», que representa a los Presidentes de la República durante el siglo XIX. Tito Salas falleció en Caracas, el 18 de marzo de 1974, a la provecta edad de 86 años.